Artículo · Clínicas dentales

Primeras visitas que no se presentan: por qué y qué hacer

Qué parte de las ausencias es del paciente y qué parte es de cómo se dio la cita, con las cuatro cosas que bajan el porcentaje sin llamar a nadie tres veces.

Equipo Mejores Clientes Revisada el 6 min de lectura

Lo esencial

  • Una ausencia no cuesta solo el hueco: cuesta la captación ya pagada más el gabinete y el auxiliar parados.
  • Lo que más la provoca: cita lejana, no saber qué va a pasar en esa visita y enterarse del precio al final.
  • Dar hora cerca y confirmar por WhatsApp el día antes es lo que más la reduce, y no cuesta dinero.
  • Dar cita a quien solo dejó un teléfono y no ha contestado a nada no es una cita: es un hueco con nombre.

Un gabinete parado una hora no es un hueco vacío: es una hora de alquiler, de auxiliar y de equipo que ya has pagado. Si además esa visita venía de una campaña, has pagado dos veces. Por eso las ausencias en primeras visitas son, en una clínica, el agujero más caro y el menos medido.

Esto es lo que vemos que las provoca y lo que de verdad las baja.

Por qué no se presentan

Casi nunca es mala fe. Son cuatro causas, por orden de frecuencia:

  1. La cita quedaba lejos. Entre pedir hora y la visita, la motivación se enfría. Una cita a tres semanas se cae mucho más que una a tres días: en ese tiempo el dolor remite, aparece otra urgencia o la persona pide otro presupuesto.
  2. No sabía qué iba a pasar. Mucha gente evita al dentista por miedo. Si no le dices cuánto dura la visita, si le van a tocar algo o si sale con un presupuesto, la incertidumbre decide por ella.
  3. El precio apareció al final. Quien no sabe si se puede permitir el tratamiento prefiere no ir a que se lo digan a la cara.
  4. Nunca llegó a hablar con nadie. Dejó un teléfono en un anuncio, no cogió la llamada, le dieron hora por si acaso. Eso no era una cita.

Las cinco cosas que más la reducen

1. Dar hora cerca

Es lo que más efecto tiene y lo único que depende solo de ti. Guardar dos o tres huecos de primera visita cada semana para quien pide cita en caliente cambia por completo la tasa de presentación.

2. Confirmar por WhatsApp el día antes

No una llamada: un mensaje al que se pueda contestar. El que no puede venir te avisa y te libera el hueco a tiempo, que es casi tan valioso como el que viene. En nuestros datos de plataforma, el 84 % de las personas responde a un mensaje de WhatsApp cuando se le escribe en el momento adecuado; por teléfono, esa cifra no se acerca.

3. Explicar la visita antes de que llegue

Tres frases bastan: cuánto dura, qué se le va a hacer y si sale de ahí con un plan de tratamiento por escrito. Quita la mitad del miedo y buena parte de las cancelaciones silenciosas.

4. Hablar de dinero antes, no después

No hace falta dar el precio del tratamiento —aún no lo sabes—, sí el marco: qué cuesta la primera visita (o que es gratuita), si trabajáis con financiación y si aceptáis su seguro. Quien se cae al oírlo se habría caído igual, pero sin ocuparte el gabinete.

5. No dar hora a quien no ha contestado a nada

Si alguien dejó un teléfono y no ha respondido a ningún mensaje, no tienes una cita: tienes un hueco con nombre. Mejor seguir intentando el contacto y dar esa hora a otra persona.

Qué medir para saber si mejora

Dos números, cada mes:

  • Citas dadas frente a citas presentadas. Ese porcentaje es tu tasa de presentación, y es el que tienes que mover.
  • Días entre la petición y la cita. Si sube, la tasa de presentación baja detrás. Casi siempre van juntos.

Si llevas campañas, añade un tercero: cuántas de esas citas venían de publicidad. Es la forma de saber lo que te cuesta de verdad un paciente que se sienta en el sillón, no solo uno que pide hora.


Esto es una pieza de un asunto más grande: qué trae pacientes a una clínica y qué cuesta cada uno. Está entero en la guía de marketing dental. Y si quieres que el filtrado y la confirmación no los lleve tu recepción, en la página del servicio para clínicas dentales está cómo lo montamos.